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El peor veneno de la iglesia catòlica

Segùn viene repitiendo incansablemente el Papa Francisco, el peor veneno de la iglesia catòlica de estos tiempos, es el pelagianismo. Se trata de una manera de vivir el evangelio, producto del pensamiento de un teòlogo contemporaneo a San Agustìn, de nombre Pelagio. Pelagio, afirmaba que Dios nos diò inteligencia para ver lo que es bueno y lo que es malo, y nos diò voluntad para hacer lo bueno y evitar lo malo. Por lo tanto, y aquì viene el error pelagiano, yo puedo alcanzar un alto grado de santidad, sin ayuda de la gracia. Solo con mi propio esfuerzo personal. A lo sumo, con una ¨ayuda de Dios¨, nada más. Pero el protagonismo de la vida cristiana, segùn Pelagio, lo tiene el ser humano. Es la lògica del mùsculo, del esfuerzo. Pues bien: esta doctrina fue condenada por la iglesia, es falsa, es una herejìa. En su momento, fue condenada en un concilio, por lo cual, reitero es una herejía.

El problema es que, esta falsa manera de vivir el evangelio, resurge a lo largo de los siglos. Desaparece por un tiempo, y vuelve a aparecer, en la predicación, y en el sentir de muchos católicos. Justamente, estamos en un tiempo en que el pelagianismo está muy presente en nuestra cultura católica. Razón por la cual, reitero, el papa Francisco lo denuncia como el peor veneno.

De acuerdo a ésto, podríamos decir, par entendernos, que hay dos maneras de vivir el evangelio. Una es verdadera, la otra es falsa. Es la lógica del don, o la lógica del esfuerzo. Es el protagonismo de Dios, o es mi propio protagonismo. Es que todo es gracia recibida (con nuestra apertura a la gracia), o todo es esfuerzo personal.

Ya San Pablo, muchas veces, insisten en que ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Antes, estaba la ley, y el hombre, con su esfuerzo, debía cumplirla. Cristo trajo la gracia, que es la que verdaderamente trabaja en nosotros para que seamos santos e irreprochables en su presencia. El evangelio no es una carga, no es solamente un conjunto de preceptos morales. La revelación que nos trajo Jesucristo, el que llena todo el universo, no puede reducirse a una moral. El evangelio es fuerza de Dios, que transforma nuestro ser. Es nuevo nacimiento. Es semilla que crece sola, sin que el hombre se dé cuenta, ni sepa cómo. El evangelio es revelación de que el protagonismo ahora lo tiene Dios, a traves de su gracia.

Por otro lado, el cristiano mira a Cristo. No se mira a sí mismo. Nuestra atención está puesta en Aquel que vive en nosotros, y con el que podemos comunicarnos. Es unión de amor con el Señor. “Ustedes SON el cuerpo de Cristo”, nos dice San Pablo. “Yo soy el tronco, y ustedes las ramas”, nos enseña Jesús. Es la necesidad de sentirnos habitados por la Trinidad misma. “Mira que estoy a la puerta y llamo. Al gque me abre, entraré y cenaré con él”. Es unión de amor transformante. Muy lejos estamos de una simple moral a vivir. Es la gracia de poder amar a Dios, y sabernos amados por El. Pero por gracia, no por esfuerzo personal. Dejemos, poco a poco, que el mismo Dios nos introduzca en esta lógica. Que nos vaya haciendo experimentar nuestra vocación a ser hijos, a dejarnos amar, a dejarnos sanar, para qtra ue nuestra vida sea la celebración de un misterio de amor insondable, que es lo único que dá sentido a nuestra existencia, y a la del universo entero.

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